Frederick Robie y su esposa Lora contratan a Frank Lloyd Wright para que ejecute el diseño de su vivienda en el barrio de Hyde Park, en la ciudad de Chicago.
La conforman 3 niveles, ordenados de menor a mayor privacidad. El nivel más bajo está compuesto por dos grandes salas destinadas al tiempo libre de los propietarios y al garaje. El siguiente nivel, compuesto por cocina, sala de estar, comedor y zona para el servicio. Y finalmente las habitaciones privadas. Los tres niveles confluyen en un punto central, donde se encuentran la chimenea –espacio eje de las zonas comunes- y la escalera.
El edificio, destaca a simple vista por su horizontalidad y su volumetría. Ambas cualidades están directamente relacionadas debido a la manera en la que la vivienda fue proyectada, y es que Wright diseñó su funcionamiento deshaciendo la idea de que una vivienda era una caja compuesta de cajas más pequeñas (compartimentos y habitaciones). Así pues, la caja explota desde el centro y se alarga y retranquea, convirtiendo las zonas comunes en espacios fluidos y abiertos, espacios que intentan alcanzar el exterior, transparentes. Tal es su explosión, que nos resulta difícil a “ojo virtual” descubrir sus accesos. En cambio, una vez se mira desde el ojo del peatón, intuimos la entrada por Woodlawn Avenue, dónde un gran muro nos dirige, nos redirige, hacia la puerta de entrada. Lo mismo pasa desde los ojos del conductor, que por la calle 58, encuentra un muro de dimensiones más pequeñas que incita a entrar por la puerta del garaje.
Por otro lado y en consecuencia, al lograr “liberar” los espacios comunes Wright también explota el acceso a estos y a la vivienda en sí, de manera que existen muchas maneras de circular por ella y de acceder a su interior.


